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Hombres y mujeres íntegros en la familia y la sociedad

Hombres y mujeres íntegros en la familia y la sociedad

Fernando Alexis Jiménez

P
ensó que no estaría mal lo que hacía y sustrajo unos cuantos materiales que no hacían falta en su oficina pero que en casa eran urgentes. “Aquí hay de sobra”, pensó. Pero no solo era en lo que se llevaba oculto en su maletín. También era su indiferencia ante el compromiso en sus labores cotidianas. Siempre tenía una excusa para posponer las tareas.

Nuestra sociedad necesita de hombres y mujeres íntegros
que impacten el hogar y la sociedad...
Y las cosas prosiguieron igual hasta el momento en que no soportó las presiones. Alguien que quiso chantajearlo porque había descubierto las acciones dolosas, le sacaba en cara su error a la más mínima provocación.

Finalmente se produjo lo inevitable. El día que recibió el sobre con el membrete de su empresa, tuvo el pálpito de que dentro no venía propiamente un ascenso o una mejora en sus ingresos. Y tal como lo sospechó, en pocas líneas dejaban sentado su despido. Llevaba en el mismo trabajo más de cuatro años.

Cuando hablamos del asunto en mi oficina, me explicaba que perdió una excelente oportunidad de empleo por algo insignificante. Algo que no valía la pena.

Pero su caso es mínimo –sin que justifique lo que hace, por supuesto, frente a los enormes desfalcos que a diario se descubren en las empresas tanto privadas como del estado...

Se propaga la corrupción

El soborno y la corrupción alcanzan en el mundo cifras alarmantes y, conforme pasa el tiempo, amenazan con tomar la fuerza de un epidemia en todos los renglones de la sociedad. Usted y yo estamos amenazados por su presencia, y lo más preocupante es que muchos cristianos que profesan una fe indeclinable en el Señor Jesucristo, sucumben.

A mediados del 2004 un informe del conocido diario Tiempo Financiero daba cuenta sobre perdidas por 192 millones de dólares en Kenya como producto de tratos irregulares del gobierno de ese país con particulares. En Indonesia, según el mismo informe y por circunstancias similares, se habrían esfumado 2.350 millones de dólares en los dos últimos años, tan solo en ciento diez investigaciones que se han resuelto hasta el momento.

¿Se imagina cuánta labor social se habría podido desarrollar con este dinero?¿Tiene una dimensión aproximada de cuántas personas no habrían muerto de hambre en África y el Caribe si estos recursos se hubieran invertido apropiadamente? En todos los casos los causantes de los perjuicios fueron personas, comunes y corrientes, como usted o yo, con las mismas potencialidades y tentaciones, pero con la enorme diferencia de que—como si fueran fichas de un ajedrez—ocupaban posiciones de relevancia en estamentos estatales.

En la práctica, se estima que una de cuatro campañas políticas en los países del mundo no tienen control en cuanto a movimientos financieros, lo que les convierte en blancos fáciles para que ingresen dineros fruto de la corrupción.

Los corruptos están en todas partes

Como si se tratase de un concurso para determinar quiénes son los “campeones” en haber protagonizado escándalos, la Organización Transparencia Internacional (2000-2001) publicó los nombres de cinco ex gobernantes de países con el monto de la cuantía de los recursos que, tras las investigaciones, resultaron provenir de negocios y movimientos irregulares.

Estamos llamados a evaluar si somos o no
hombres y mujeres íntegros...
Para su información publicamos qué lugar ocupó cada uno: El primero, Mohamed Suharto (presidente de Indonesia entre 1967 y 1998), con un monto que oscila entre 15 y 35 mil dólares. El segundo, Ferdinando Marcos (Presidente de Filipinas 1972-1986) entre 5 y 10 mil millones de dólares. El tercero, Mobutu See Seko (Presidente de Zaire 1965-1997) cerca de 5 mil millones de dólares; el cuarto, Sani Abacha (Presidente de Nigeria 1993-998), entre 2 y 5 mil millones de dólares, y en una quinta posición se ubicó a Jean-Claude Duvalier (Presidente de Ahití) con una fortuna irregular que oscilaba entre los 300 y los 800 millones de dólares.

También estima la organización internacional que en sobornos se cancelan en los países alrededor de un billón de dólares anualmente.

¿Por qué se agiganta la deshonestidad?

Los especialistas coinciden en asegurar que la deshonestidad que concibe al menos cinco situaciones que son altamente perjudiciales en las relaciones con quienes nos rodean.

La primera, pérdida de confianza en los demás; la segunda, distorsión a los principios de justicia; la tercera, falta de credibilidad en las instituciones; la cuarta, pérdida del equilibrio y la imparcialidad, y la quinta, una permanente sensación de culpa que los cristianos identificamos como crisis de conciencia.

¿Acaso se puede cambiar el curso de la historia en nuestros países? Por supuesto que sí. En esto coincidimos con los teólogos Oswaldo Scherone y Samuel Gregg cuando escriben su Ensayo “Una teoría de la corrupción”. Allí plantean: “Los hechos corruptos puede que parezcan estar incrustados en nuestra cultura, pero las culturas se pueden cambiar. El hombre no se subordina a la cultura, más bien, nuestras acciones crean la cultura”.

Sobre esta base, tanto a la luz de las Escrituras como de todo principio moral, usted y yo tenemos la enorme responsabilidad de poner freno a todo aquello que traiga engaño, robo y un progresivo enquistamiento de la deshonestidad.

Un ejemplo lo ofrecen los cristianos católicos y evangélicos de África quienes se unieron en países  como Botswana, Sudáfrica y Swazilandia para estructurar y desarrollar la campaña “Iglesias contra la corrupción”.

¿Qué podemos hacer?

Cuando nos remitimos a las Escrituras, que para los cristianos representa nuestra fuente de autoridad,  encontramos varios principios que vale la pena tener en cuenta respecto al engaño y la corrupción.

1. Reconozca que Dios lo concibió para ser íntegro

En primera instancia y tal como lo advierte la Palabra, Dios no comparte el que sus hijos incurran estas prácticas irregulares que, además de deteriorar nuestro testimonio de vida cristiana, traen mal a los demás. De acuerdo con su advertencia, acarrean destrucción: Así terminan los que van tras ganancias mal habidas; por éstas perderán la vida.”(Proverbios 1:19. Nueva Versión Internacional).

2. Decídase por la integridad

Un hecho curioso es que quienes incurren en acciones dolosas, culpan a la sociedad que les rodea, a una profunda necesidad económica o quizá a presiones culturales, la decisiones errada de incurrir en deshonestidad.

La Palabra de Dios dice que tales argumentos no tienen validez porque todos somos libres pero a la vez responsables de cuanto hagamos. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”(Lucas 6:45 Reina-Valera 1960).

Cabe aquí preguntarnos: ¿Qué estamos guardando y alimentando en nuestro corazón?¿Hay transparencia en todo lo que hacemos?

3. Aplique en su vida principios de transparencia

En cierta ocasión al instituir jueces que ejercieran autoridad sobre el pueblo de Israel, el rey Josafat les reunió y dijo: Por eso, teman al Señor y tengan cuidado con lo que hacen, porque el Señor nuestro Dios no admite la injusticia ni la parcialidad ni el soborno.»”(2 Crónicas 19:7. Nueva Versión Internacional).

Todas las personas tienen los ojos puestos sobre quienes profesamos fe en el Señor Jesucristo, de ahí que debamos ser cristalinos en nuestro desenvolvimiento social y espiritual.

4. Huya de toda oportunidad de corrupción

Un dicho que tiene mucha fuerza en Latinoamérica señala: “La ocasión hace al ladrón”. Y hay quienes, amparándose en esta filosofía popular, se lo toman muy en serio.

Pero cuando volvemos las Páginas de la Biblia para encontrar una guía,   hallamos con un principio ineludible que se fundamenta en la necesidad de apartarse de toda aparente ocasión para engañar: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.”(Salmo 1:1, 2. Nueva Versión Internacional).

Si su mayor aspiración es vivir conforme agrada y glorifica a Dios, debe alejarse a tiempo de todo espacio en el que pueda caer en actitudes de engaño, robo y deshonestidad.

5. Necesitamos emprender un auto examen

Una práctica sana en todo ser humano es una evaluación permanente de sus acciones. Cuando lo hacemos reposada, sensata y honestamente, de seguro encontraremos errores que es necesario corregir.

Eso fue justamente lo que recomendó el apóstol Pablo en su carta a los cristianos de Éfeso: El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados.”(Efesios 4:28. Nueva Versión Internacional).

Y en el evangelio de Lucas, encontramos la historia de alguien que, habiendo obrado mal en su tiempo pasado, asumió una actitud de cambio cuando aceptó el mensaje transformador de Jesucristo. Se trata de Zaqueo, jefe de publicanos en Jericó, quien además de tener una mentalidad gobernada por la avaricia, era muy rico.

Pero Zaqueo dijo resueltamente: --Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.  --Hoy ha llegado la salvación a esta casa --le dijo Jesús--, ya que éste también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”(Lucas 19:8-10. Nueva Versión Internacional).

Nuestra sociedad puede ser diferente. Pero esa modificación en patrones errados de comportamiento, comienza con usted y conmigo. En nuestra condición de cristianos, somos agentes de cambio.

Defraudar no consiste solamente en sacar a ojos de todos un peso; también lo es no cumplir a cabalidad con nuestro horario de trabajo, sustraer elementos de la oficina para utilizarlos en casa, malgastar lo que no hemos comprado en nuestra empresa o espacio de labor y también, gastar en gustos personales lo que corresponde a nuestra familia.

Ese dinero lo gané con mi sudor”, dirá usted. Le respondo: Cualquier centavo que gaste mal, es el dinero que necesitan su cónyuge y sus hijos para tener mejor calidad de vida.

Un principio de vida para aplicar desde hoy: comenzar a erradicar del lugar en el que nos desenvolvemos como cristianos, cualquier sombra de corrupción...

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a pastorfernandoalexis@hotmail.com  o llamarnos al (0057)317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez –Síganos en www.guerraespiritual.org


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