1. Lectura
Bíblica: Colosenses 3:22-24;
Isaías 55:3, 6
2. Versículo
para memorizar:
“Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón,
como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses
3: 23).
3. Reflexión en
la Palabra de Dios:
¿Ama usted a su familia? ¿Hasta qué punto? Esas dos
preguntas son determinantes. ¿La razón? Sólo hasta tanto tenemos claro cuánto
amamos a nuestra familia, podemos determinar, cuánto podríamos dar por ellos.
Nuestra
actitud es determinante. Cambiamos
nuestra perspectiva de la familia y comprendemos que no es una obligación
sino una bendición del Señor, y querremos dar lo mejor de nosotros para
nuestro cónyuge y los hijos. Cuando veo a mi esposa o esposo no como una pesada
carga sino como el privilegio de Dios para que tuviera mi complemento ideal, mi
perspectiva necesariamente cambia. Igual ocurre con nuestros retoños. Téngalo
siempre presente: son una bendición para nuestra existencia, y si les damos
algo, tiene que ser lo mejor de lo mejor.














